JANI DUEÑAS

X LORENA PENJEAN

Nos conocemos al menos desde el 2003 cuando trabajábamos juntas en 31 minutos, 16 años después descorchamos una botella de vino para hacer algo que por distintos motivos nunca hice, entrevistar a Jani; Mi amiga.

FOTOS: NACHO ROJAS

STYLING: NATALIA SCHWARZENBERG Y SOFIA PINTO PARA 02SS

HAIR & MAKEUP: MARCELO BHANU

AGRADECIMIENTOS: ESTUDIO FE & NOSTALGIC

LORENA: Me gustaría partir constatando que estamos a 68 de octubre del 2019, un octubre eterno, en medio de una crisis, de un estallido que nos ha remecido, y me gustaría saber cuál es tu pensamiento más recurrente con todo lo que está pasando...

JANI: Ha ido cambiando igual; es loca esta situación porque la percepción del tiempo se ha distorsionado también, entonces a veces me equivoco en la línea de tiempo. Siento que la incertidumbre es lo que más me persigue últimamente. Esta sensación de qué cresta va a pasar. Pero antes de eso pensé otras cosas y en el primer momento fue en el acto de despertar, que fue muy bonito para mí porque se juntó con una crisis personal, la mía, que se unió a la colectiva; la revolución interna se emparentó con la de muchos y eso fue hermoso, muy inspirador. Ahora, en los últimos días, me ha pasado que el feminismo me ha dado un lugar desde donde estar, combatir, luchar, sentir y pensar, y eso me ha devuelto un poco la esperanza.

Las primeras semanas yo estaba un poco preocupada de que las demandas feministas pasaran coladas en medio del estallido. A la vez, siento que el movimiento feminista en Chile ha sido precursor de este estallido social, así como varios más, -porque obvio que las cosas se fueron juntando, pero muchos de los temas que alegamos hoy , las feministas las veníamos hablando hace rato, entonces cuando aparece lo de Lastesis, es muy importante porque nos une también y nos visibiliza mucho más. Ahora, para mí, volver a la calle desde esa energía ha hecho todo menos doloroso, más esperanzador. La fuerza del movimiento feminista me ha ayudado a tener menos angustia creo.

LORENA: Volviendo a la incertidumbre, tener un pensamiento recurrente con respecto a la incertidumbre es un lugar súper inhóspito, porque uno necesita alguna certeza o ¿tú te adaptas bien a la incertidumbre?

JANI: Ahí tengo que, necesariamente, unir lo que a mí me estaba pasando con lo que está pasando en el colectivo. Yo hace un rato, por lo que pasó después del Festival de Viña y tal vez desde antes incluso, estaba cachando que uno de mis temas en la vida es el control, ya sea porque soy muy Capricornio, o por como fui educada en una familia muy estructurada, -a pesar de ser bien de izquierda-, era un entorno bien tradicional en sus formas... Puede ser por eso o por mi carácter, mi educación, no lo sé. Yo planifico, soy obediente, soy de estructuras y de controlar mucho, eso me vuelve muy rígida a veces. Yo ya estaba haciendo esa limpieza en mí, destruyendo esos patrones conductuales que estaban muy arraigados y que no me permitían fluir, me hacían sufrir en algunas cosas, en mis relaciones, en mi pega, en lo qué pasó en Viña en particular, entonces cuando viene el llamado estallido, yo ya estaba en la volada de “hay que abrazar la incertidumbre", o “tengo que ser capaz de vivir sin saber lo que va a pasar” y estar tranquila con eso.

 

LORENA: ¿Cómo así?

JANI: Si lo piensas, el presente siempre es caos, solo cuando uno hace el ejercicio de recordar se ordena, se significa, se convierte en memoria, y cuando uno piensa en el futuro, es plan y es proyecto pero, si tú te sitúas en el presente, en el medio del presente, en este vacío, no es más que caos permanente. Entonces, esta sensación de incertidumbre, no es que no me cueste, me parece coherente igual.

LORENA: ¿Desde dónde se abraza ese lugar? Porque la incertidumbre, siento yo, es para el normal de las personas, un lugar muy poco amable.

JANI: Es difícil, pero yo creo que también hay una idea muy budista de estar consciente en el presente y de saber que uno va a poder lidiar con las cosas en la medida que vengan; cruzaremos esos puentes en la medida que estemos frente a ellos. Además, tiene una cosa que a mí me acomoda por mi pesimismo galopante, que es que nada de esto, tal vez, va a ser mejor. A veces siento que no porque estemos tanta gente en la calle y no porque hayamos despertado, o llevemos 50 y tantos días donde nos dimos cuenta de muchas cosas y estamos todos más o menos unificados, quiere decir que necesariamente vamos a triunfar. Creo que es súper duro y va a ser súper lento y no veo la luz de esperanza tan cerca, no la veo ahora. Saber que la vida es en su mayor parte sufrimiento, que te vas a tener que encontrar con estas cosas siempre, hacen que, precisamente, por eso mismo la vida sea lucha, sea resistencia, y eso me parece muy bonito. Tal vez lo romantizo un poco pero me hace sentido.

Hace un par de semanas fui al Liceo 7, donde estaban estas cabras que balearon los carabineros cuando entraron al colegio, fui a conversar con ellas a la toma y fue muy bacán porque hablaba con las niñas que tienen 15-16 años y había otras que habían egresado hace poco y decían eso: que entender la vida desde el activismo, la resistencia o lo que sea, alzar la voz ante las injusticias y exigir que se respeten tus derechos, es una manera de vivir para siempre, no es que ahora están haciendo esto por 4-5 meses hasta que cambie el gobierno, esta manera de ser ciudadanos, de ser pueblo, tenemos que lograr mantenerla, vamos a tener que ganar como 5 o 6 elecciones más si de verdad queremos cambiar todo. Aprendí mucho de eso porque me pasa algo con el tema generacional, tengo toda una teoría de que por qué mi generación es tan de mierda y me da mucha envidia ver a las nuevas, ver lo que hacen, como piensan... A veces siento muchas ganas de haber nacido 10-15 años después, porque siento que yo debería estar ahí con mi espíritu... Bueno igual estoy ahí, como sea y eso es bueno.

 

LORENA: ¿Tú de verdad crees que nuestra generación es una generación de mierda?

JANI: Yo siento, y lo digo súper desde mi visión personal y la burbuja en la que vivo, que muchos de los de mi generación crecimos con demasiado miedo. Yo vi en mis hermanos mayores la resistencia a la dictadura, lo observé desde chica y creo que eso me quedó, aunque sea como espectadora. Mis hermanos eran muy metidos en onda, mi hermano mayor fue dirigente de la FECH en su momento y estuvo preso. Cuando en el Campus Oriente habían protestas, los cabros se pasaban por la pandereta de mi casa para arrancar de los pacos, y me acuerdo perfecto del miedo que sentían mis viejos cuando había toque de queda y mis hermanos no llegaban a la casa, el miedo a que tu vecino o alguien del colegio pudiera ser sapo, el miedo a los helicópteros, todo eso. Yo me acuerdo en blanco y negro de mucha parte de mi infancia. Entonces crecimos con ese miedo pero al mismo tiempo nunca nos enseñaron a alzar la voz, o no nos tocó, no sé. Yo a la primera marcha a la que fui fue con las feministas hace algunos años, no me tocó la revolución pingüina, nada, crecí muy protegida y un poco pensando que desde que volvió la democracia estaba todo bien. Siento que somos una generación que es producto de eso, de la Concertación, del Aylwin, de Lagos... Esa era nuestra izquierda, que ya sabemos que tan izquierda no era y que tuvo que hacer muchos consensos y luego, fueron la misma mierda nomás. Pero creo que había mucha ceguera en todos, en varios, en mí también. Por eso me conmueven las nuevas generaciones y me gustaría haber tenido esa fuerza y esa claridad en mi adolescencia y en mi juventud. A veces me siento mal por eso, por haber estado medio dormida yo también tanto tiempo, pero bueno, es bacán que todo lo que yo pensaba también se derrumbe, ojalá nos esté pasando a todos.

LORENA: Desde Viña, que fue en febrero, hemos conversado qué significa perder, sobre el fracaso, sobre qué se aprende en la derrota, cuál es el camino del perdedor... Lo mencionaste, pero podrías ahondar en cómo la crisis influyó virtuosamente en ti, ¿qué pensaste que estaba mal en ti y en todos?

JANI: Que había algo que no estaba mal solo en mí, que yo no estaba tan sola en esto que me estaba pasando. A mí después de Viña me quedó la cagada, porque para nadie es agradable que te pase eso. Hay mucha gente que me escribe o que me dice cuando me ve, que me encuentra muy fuerte, y lo agradezco porque es lindo que te lo digan, lo abrazo, pero la verdad es que no me siento tan así. Fue un trauma grande que me destruyó la confianza en mí misma, la confianza en mi material, en todo lo que soy. Me empecé a cuestionar todo, si realmente quería seguir siendo comediante, si era buena, si tenía sentido mi trabajo, empecé a mirar para atrás, en qué momento había llegado hasta aquí, si me había equivocado en esa ruta, cuán bien o mal me había hecho el año pasado ese éxito desmesurado después de lo de Netflix, con toda esa atención mediática que tuve... Creo que ahí me perdí un poco, eso de tener a todo el mundo al lado que te dice “erís la raja, te va a ir bien, eres excelente, eres seca”, no hay discusión, eres perfecta. Yo estaba arriba de ese pony, así que me cuestioné mucho eso, qué era realmente el éxito y el fracaso para mí y qué es el éxito y el fracaso para el medio en el cual trabajo, para el país en el que vivo. Lo de Viña, incluso si hubiera sido un éxito, no sé si es un éxito que yo buscaba, siempre tuve un poco de conflicto interno con ir a Viña, sentí que era una oportunidad que no podía rechazar pero no me sentía tan cómoda con todo lo que rodeaba esa situación. Estar tanto en la tele... todavía tengo ese conflicto, aunque ahora lo tengo más claro, no me gusta, la verdad. Pero ya no sé si no me gusta porque nunca me gustó o porque la tele fue tan mala onda conmigo en esa pasada que ya no podría estar ahí nomás. Después de esa experiencia me radicalicé un poco, tuve que pensar muy bien cual es el lugar desde el cual quiero hablar, a quién le quiero hablar.

No tengo todas las respuestas aún, pero si sé que me lo sigo cuestionando y ojalá no deje de cuestionármelo nunca, entonces me pasó con el estallido social que dije “chucha no era yo nomás la que estaba transformándose, éramos todos parece”.

LORENA: Si volvemos al 17, un día antes del estallido de este octubre eterno, tú estabas en otro lugar anímico y personal, pensando en otras cosas, en cómo te reconstruías, en cómo ibas controlando las lesiones... Porque, como te lo he dicho, a ti te sacaron la chucha, y es imposible que no tengas ninguna secuela. Los moretones externos pasaron de negros, morados, verdes y amarillo hasta que se diluyeron después de ene rato. Seguro te los debes maquillar todavía, o disimularlos o exhibirlos, pero también es muy probable que tengas contusiones internas y todavía muy de cuidado el 17 de octubre...

JANI: Sí, estaba súper en mi proceso, estaba en Buenos Aires con una amiga, muy como parte de mi volada este año que ha sido salir de las luces y de mucho auto cuidado, porque las costillas rotas, como tu dices, todavía las tengo. Entonces volví el 18 de octubre mismo y todo se puso en pausa. Este año para mí también ha sido mucho de aplacar el ego, de destruirlo dentro de lo posible, entonces esos primeros días caché al toque que no había nada que yo pudiera hacer a título personal, que solo podía sumarme a esto desde un lugar muy humilde, de ponerme al servicio del movimiento.

Obvio que suspendí shows y toda mi actividad en mis redes sociales, -que son la manera en que me relaciono con el mundo, con mi audiencia, con el público que me va a ver, etc., incluso con los que me odian-, me puse al servicio de lo que estaba pasando. No podía ni siquiera subir una selfie, no había ninguna manera que yo pudiera decirle a alguien que comprara una entrada para un show mío, tampoco podía hacer stand up, la verdad. Yo no siento que yo haga mucha comedia política, o sea, lo personal es político y todo lo que quieras, y el feminismo se apareció en mi comedia hace un tiempo pero, en general, yo hablaba muy de mí misma, de mí, de mi mundo pequeño, de mi ombligo, y lógicamente, sentí que todo mi material para este nuevo Chile no tenía ningún sentido y tenía que reinventarlo o re significarlo, incluso botarlo. El stand-up como formato tiene una cosa a veces muy de superioridad, como de “yo te voy a contar el mundo como yo lo veo” y “yo voy a hablar sola en este show de una hora donde nadie me interpela y nadie me contesta”, por eso se llama monólogo. Para mí ese formato hoy día, con todo lo que está pasando, ya no me es tan cómodo, ¿qué te voy a decir yo de cómo veo el mundo? ¡Si estamos todos en la misma montaña rusa! Entonces lo que he tratado de hacer ahora que he vuelto a actuar haciendo shows donde, dentro del humor, con chistes y todo, pueda también generar conversaciones, hacer diálogo e invitar a más gente.

 

LORENA: Cuando partió todo recuerdo que todas las pancartas estaban súper individualizadas, cada pancarta era un petitorio personal, era como un no más abusos desde esto es por mi mamá, por la salud, por pensiones, por las dignidad. etc. ¿Cuál sería tu pancarta?

JANI: No lo sé, la primera cosa que a mí me golpeó de esta crisis fue el tema de la desigualdad, que en este país es gigante y entró en un minuto en mí con toda la culpa del privilegio. Mucha gente me escribió los primeros días cosas como “ah claro, es fácil ser revolucionaria desde tu departamento en Providencia” y no lo voy a discutir, porque uno siempre es la cuica de alguien, entonces no te voy a convencer de que no es así, no me las voy a dar de proletaria; conozco la historia de mi familia y sé cómo llegué hasta aquí pero creo que no es tiempo de andar aleccionando gente. Y luego decidí que tampoco era bueno vivir ese privilegio con culpa, eso no aporta en nada. Lo reconozco y voy a usarlo si puedo para amplificar el mensaje, voy a tratar de dar información, de educar a las personas que lo necesiten, de compartir todo lo que pueda y en lo que creo, esta crisis nos ha pegado un combo de realidad en la cara a todos y hay cosas que ya no podemos dejar de ver nunca más. Creo que si tuviera que escribir una pancarta hoy día estaría alineada con eso pero en relación a la desigualdad hacia las mujeres, en que somos ciudadanas de segunda clase para muchas cosas, en que no somos libres, que nos matan y nos violan y nadie hace nada, que no es posible que tengamos que estar convenciendo gente de que somos el 51% de la población y por lo tanto importamos en las discusiones y la toma de decisiones. Si esta crisis no sirve para eso, para mí no va servir de mucho tampoco. “Nunca mas sin nosotras”, esa sería mi pancarta hoy.

LORENA: ¿Cuál es tu lugar en la crisis?

JANI: No lo sé Lore; yo estuve muy perdida las primeras tres semanas, muy desorientada, como te decía cuando te hablaba del stand up y que pensé en botar todo, pero de verdad todo, onda me meto a estudiar algo, me dedico a otra cosa, sentía que yo también me tenía que educar tanto, hacer una justicia social con mi propia educación cívica. Hoy sigo queriendo sumarme a todo y aportar desde donde pueda, pero creo que desde mis talentos o dentro de lo que yo hago, quisiera que mi rol hoy día sea más de comunicadora que de comediante, o humorista, no sé, creo que el lugar donde yo puedo unificar voces, juntar gente, conectar con otros, y es ahí donde me interesa estar.

 

LORENA: ¿Cómo abordas o te adueñas de ese lugar pese a todos los prejuicios qué hay contra tu persona, desde todo el maltrato que has vivido, por poco empática, por ser de la elite? ¿Cómo te construyes desde ahí?

JANI: Me lo he cuestionado mucho porque es inevitable que no me afecte todo eso que me dicen, los mensajes que me llegan desde febrero en adelante no solo afectan en la autoestima si no que he llegado a dudar de mi propia voz, llegué a dudar de si realmente tengo algo que aportar o si me tengo que ir al sur a hacer mermeladas y desaparecer, si en realidad valgo callampa para este mundo porque nadie me quiere. Así de heavy.

Entonces tal vez me planto en ese lugar de buscar encuentro porque creo que estoy más humilde, tengo menos pretensiones de reconocimiento, de aplausos, de aprobación de los demás. Soy actriz, entonces eso del reconocimiento es algo que me había movido muy fuerte por muchos años de mi vida y sea por la razón que sea, ya no me importa tanto.

LORENA: Muchas mujeres hemos trabajado buscando la aprobación, la aceptación, la pertenencia...

JANI: Buscando la aprobación y haciendo como ese espejo: si los demás te aceptan tú te aceptas a ti misma. Es un lugar muy maltratador, de hecho yo creo que me maltrato mucho a mí misma, como todas, soy muy severa conmigo.

LORENA: Te has maltratado mucho y ahora por la crisis ¿es idea mía o te estás empezando a abrazar?

JANI: Sí, estoy más amable conmigo, también gracias a la terapia que me ha hecho cachar que tenía que andar un camino de autoconocimiento profundo: creo que es súper importante esa hueá. Conocerse una misma para poder comunicarse con los demás de mejor manera y tener más empatía, para eso necesito conocerme bien. También yo he tomado opciones en mi vida que tienen que ver con la diferencia no solo desde mi aspecto o desde lo que proyecto visualmente. Yo no tengo hijos, decidí no tenerlos, soy una mujer sola y no lo digo desde el desamparo, sino desde la soberanía, desde un espacio conquistado que me parece que las mujeres tenemos que trabajar y obtener. Eso es revolucionario. He luchado con esa bandera gran parte de mi vida adulta con actitud desafiante, pero también sintiendo muy fuerte por dentro la desaprobación y el cuestionamiento de los demás. Ahora, que me estoy conociendo, siento que simplemente he tomado las mejores opciones para mí, y tengo muchas menos dudas acerca de mí misma que las que tenía antes cuando supuestamente “me iba muy bien”.

LORENA:Hay una palabra que ha permanecido y es la dignidad. Me gustaría hablar de ella porque yo creo que tú tienes mucho que aportar después de una humillación. Yo hice esa conexión muy rara cuando pensaba en esta entrevista, en el estallido, en ti, en Viña... ¿Muy raro?

JANI: Es que siento que la dignidad de la que hablamos hoy día es otra cosa, me cuesta un poco relacionarlo con lo mío porque yo me expuse, voluntariamente, a estar en un escenario de una evaluación pública feroz, yo sabía a lo que iba, no esperaba ese resultado pero sabía que me estaba poniendo en un lugar muy difícil y que las posibilidades de que algo saliera mal existían, el problema fue que yo no las vi. Creo que la dignidad de la que hablamos hoy en día tiene que ver con gente que no ha sido vista, Que ha sido invisibilizada, a mí, en cambio, creo que me han visto demasiado: yo quise demasiado que me vieran y en ese riesgo me juzgaron. La dignidad de la que hablamos hoy en día para el pueblo chileno es para la gente que ha sido marginada, silenciada, violentada. Hay gente ahora que habla de violencia, muerte y delincuencia, y es lo único que les importa, y es como ¡hueón! esta violencia ha existido durante décadas y la única diferencia es que ahora llegó a tu zona de confort y por eso te incomoda. Yo viví una gran violencia en carne propia, es cierto, viví esa humillación pública pero siento que es distinta y, después de todo, no me podría comparar con eso, porque yo no he perdido tanto.

 

LORENA:Sin duda no se trata de lo mismo, sólo quería reparar en la dignidad, como la contrapartida de la humillación.

JANI: No lo había pensado desde ese lugar.

 

LORENA: Siento que cuando has pasado por una humillación, tu corazón ya no es el mismo.

JANI: No, no lo es.

LORENA: Y te hace, en la mayoría de los casos, una persona más empática.

JANI: Sí, pero también te hace más rabiosa. Yo entiendo esa rabia, porque la empatía también es un lujo. Yo entiendo la rabia y me molesta cuando la gente pide “condenar la violencia venga de donde venga”.

LORENA: ¿Por qué?

JANI: Esa frase no me gusta, porque creo que la violencia del oprimido es completamente distinta a la violencia del opresor, por ahí hay tipos de violencia más entendibles y más justificables que otras, de verdad que no se puede condenar toda la violencia porque hay violencia que es respuesta, que es reacción; la violencia del estado no es lo mismo que la del pueblo. Aquí yo me cuadro con lo que decía la Mon Laferte y con todas las que hemos sido más “conflictivas”. Yo subí una foto el día del estallido, el 18, sin entender mucho las consecuencias, que era un meme que me habían hecho hace años en la radio, donde sale una niñita y atrás una casa que se está quemando, en vez de la niñita salgo yo y puse “quemen todo cabros lindos”, también como usando una figura poética y metafórica del fuego como poder de transformación. Bueno, al parecer tuve muy mal timing porque ese mismo día se empezó a quemar el país y se tomó como algo literal. La bajé inmediatamente apenas caché que un portal de noticias la subió como “Jani Dueñas sube esta foto y dice que lo quemen todo”... Se me olvida que cada cosa que yo diga puede ser utilizada en mi contra y corro ese riesgo sin calcular mucho las consecuencias. No me arrepiento, pero la bajé porque no quería problemas. Hablábamos antes de la comprensión lectora de las personas por redes sociales, la gente entiende poco los dobles sentidos, las metáforas, incluso los datos que uno pone. En conclusión, no quería meterme en problemas tan mediáticos porque tengo un trauma con eso, no quiero que hablen de mí en la tele, en los medios, no quiero que hablen nunca más. No he ido a ningún programa de tele que me han invitado, doy pocas entrevistas por eso mismo, pero siempre se me olvida que cada cosa que diga en una red social pública puede ser susceptible de eso.

 

LORENA: Esto de las redes sociales lo hemos hablado mucho, es súper insano, el teléfono es lo más antihigiénico, es algo que no te da paz, ¿cómo lo manejas?

JANI: No se si lo logro tanto, los primeros meses después de Viña me tomé unas largas vacaciones y traté de ver muy poco los mensajes que me llegaban, los borraba y los bloqueaba para que no me afectaran. Ahora, hubo un renacimiento de eso pero ya no como “ah fome culiá, mátate”, sino como “zurda culiá, feminista culiá, feminazi, comunista, etc.”, que son las cosas que yo cuando las converso en los shows, veo que a la mayoría de las mujeres que estamos en la plataforma más visible nos pasa, lo sufrimos más. Amigas mías que son actrices, más conocidas que yo, que tienen hijos, las critican por todo; por lo que hacen, por lo que no hacen, por lo flacas, por lo gordas, por todo. También a las mujeres anónimas los mensajes que les llegan son feroces. Y me duele, a todas nos duele. Una podrá bloquear, borrar y respirar sin enganchar en la conversación, pero, efectivamente, duele porque el rechazo de personas que no te conocen produce algo muy loco. Una piensa ¿qué será lo que interpreta esta persona de mí? ¿por qué tiene esta sensación? ¿de dónde viene el impulso de decirle a una persona que no conoce que se mate? Eso a mí nunca me había pasado en la vida.

LORENA: Siento que en crisis uno se conoce y se desconoce a sí mismo, y se sorprende actuando o pensando De determinada manera,. Es como “chucha qué me pasa”. Uno se vuelve impredecible incluso para uno. Con los demás ni hablar. Te sorprendes, te decepcionas... Es muy tremendo, confuso, pero también interesante y luminoso porque te conoces y conoces a los demás.

JANI: Yo encuentro que es interesante y lo que más me atrae de esto, es presenciar una revolución, un cambio, y eso implica oportunidades. Me parece que estar en crisis permanente no es tan malo tampoco, estar cuestionando todo, todo el tiempo, incluso las propias creencias, por el contrario, ¡es sano! Porque una está muy arraigada a algunas ideas que una ha definido de sí misma, de los demás y de la forma de vida que quiere tener y ahora estás viendo que, de repente, todo eso se rompe. Ni siquiera creer en lo que tú mismo pensaste que pensabas, es una cosa buena, me parece un muy buen ejercicio.

 

LORENA: ¿Qué cuentos, en este lugar de permanente cambio y cuestionamientos, te cuentas para prevalecer?

JANI: El cuento que más me ha servido es “las mujeres vamos a salvar esto, este país, juntas lo podemos todo”. Y lo mejor, es que no creo que sea solo un cuento. El viernes pasado que fue la intervención de Lastesis en Plaza Dignidad, me tocó estar al lado del caballo, en el medio de todo. Estando ahí no entendía la dimensión de todo lo que significaba, fue una experiencia apasionada. Hacia Plaza Baquedano, una de las chicas grita “Cabras, vamos a llegar a Plaza Dignidad y nos vamos a poner en el caballo”, una sabe que el caballo está dominado por hombres y desde las 4 de la tarde están instalados ahí, con los de las barras y todo, pero no teníamos miedo, estábamos juntas. Esa sensación ancestral de estar con muchas mujeres y ocupar ese espacio gigantesco sin violencia, fue increíble. Ese día dije “las mujeres lo podemos todo, en la medida que estemos unidas, lo podemos todo”. Ese ha sido mi mantra todos los días, cada día que me despierto y veo videos de la performance en cualquier país, en lenguaje de señas, en árabe, lo que sea, ha sido realmente un lugar donde me he anclado. No solo porque lo creo, si no porque todo lo otro me da demasiada desesperanza también.

 

LORENA: ¿Tienes un rollo con el tiempo? ¿El paso del tiempo no te agobia?

JANI: Sí, por varios lados. Me pasan cosas bien diversas con eso. Por un lado me agobia pensar en la vejez porque sé que voy a estar sola, hablo mucho con mis amigos de esto y con los que son iguales que yo y pienso que tenemos que cuidarnos entre nosotros, tenemos que veranear juntos, vivir cerca, somos nuestra familia elegida y tenemos que protegernos, porque la vejez es una mierda en general, sobre todo en este país. Eso es una de las cosas que más me conmueven de las historias que uno ha conocido en este estallido social, el tema de los viejos. A mí, los viejos me conmueven mucho, más que las guaguas o los niños, o los animales, no sé, tengo un rollo con la vejez en ese sentido del desamparo, de la pérdida de autonomía. Quiero asegurarme de ser una vieja que pueda sobrevivir. Por otro lado, por la vanidad, la vejez me preocupa pero no me enrollo, me hago todos los tratamientos y filo, simplemente, porque quiero verme como me siento. Muchas veces le digo a mi mamá que se tiene que haber equivocado en mi inscripción de nacimiento, que estoy segura de que tengo 10 años menos, me siento todo el tiempo más chica, como en una etapa anterior a la que “debiera tener”, me llevo muy bien con la gente joven. Y me siento joven, pero no desde una adolescencia extendida, no quisiera volver a tener 21, pero sí quisiera volver a tener 35 con la cabeza que tengo ahora y la experiencia que tengo. Lo que me preocupa del tiempo es básicamente el deterioro y la soledad.

LORENA: ¿Te cuestionas, a veces, tu grado de locura y de cordura?

JANI: Sí ¡pero pienso que me gustaría ser más loca! Soy demasiado cuerda, tengo un arraigo con la certeza que es enfermante. Me encantaría poder ser más loca y pensar menos en las consecuencias de las cosas. Siento que la locura es un espacio de libertad que a mí me falta, entonces me gustaría ser más libre; a veces pienso que si fuera más loca me importarían menos las cosas. Tengo muchas amigas muy locas que admiro mucho por esa locura, ¡tú misma! Me da cierta envidia incluso. Mi rollo es más con la cordura, con el exceso de cordura, y sé que eso es algo que tengo que trabajar.

LORENA: ¿Cuál es tu último pensamiento al final del día?

JANI: ¡Son muchos! Tal vez por eso siempre me quedo dormida escuchando algo, muchos podcasts, charlas TED o meditaciones, no sé, siempre me quedo dormida escuchando a otra persona, nunca me quedo dormida en silencio, me cuesta mucho. La voz de otro me calma, me induce al sueño. Pero creo que eso también es problemático porque ese espacio de silencio antes de dormir, de estar en mí, me cuesta un montón, mi cabeza no para. ¡Tal vez sí estoy súper loca y mi mayor signo de locura es pensar que no estoy loca! (risas).

Aprender a meditar me ha hecho muy bien este año para tratar de encontrar espacios de calma y no pensar tanto, pero todavía me cuesta. Me gustaría una vida más contemplativa, menos agitada, tal vez por eso me gusta la idea de la vejez porque siento que esa vida contemplativa está más cerca de ese lugar; ya hiciste lo que hiciste, ya lograste lo que lograste y ya está. Una se pasa sus 20-30 años definiendo lo que uno es para el resto del mundo según lo que uno hace, porque sientes que lo que te define es lo qué haces. Pasados los 40 ya empiezas a darte cuenta de que podrías ser cualquier cosa, y eso ya no va a cambiar quién eres, tu identidad.

LORENA: Siento que más que lo que uno hace, uno es lo que piensa y lo que siente; eso de definirse por lo que uno hace, es consecuencia o inconsecuencia de lo anterior.

JANI: El sistema nos enseñó a vivir así, entonces esa estructura neoliberal que tenemos para pensarnos a nosotros mismos, también se está destruyendo con este estallido y eso es bacán.

LORENA: Jani, si tuvieras que destacar 10 personajes dentro de esta crisis ¿quiénes serían?

JANI: Dentro de los políticos me cuesta mucho porque en verdad creo que se deberían ir todos pa la casa, excepto tal vez el presidente de la cámara de diputados, Iván Flores, que me cae bien y encuentro que ha dicho cosas muy sensatas, pero es DC y eso da susto. Carmen Hertz me parece una mujer increíble, la Patty Muñoz, la Defensora de la niñez, también. Y mucha gente que está haciendo una pega increíble y que uno no sabe quienes son con nombre y apellido.

Yo tengo una devoción con La Primera Línea y creo que está completamente justificada; esto también lo he discutido con algunas personas que me han dicho como “ay, no hay que romantizar a estos cabros porque lo que viven es terrible”, y sí, lo sabemos, pero creo que la épica, el acto de generar héroes o símbolos, es inherente al ser humano, y lo hacemos porque lo necesitamos, sobre todo en momentos dolorosos y difíciles. ¡Déjenos romantizar la hueá que queramos! Los Primera Línea para mí son el emblema de esta hueá, completamente. Los veo, veo a las cabras que están apagando lacrimógenas, que ayudan en la cadena de resistencia llevando las piedras, que se suben como ninjas al caballo o a apagar las cámaras, y para mí son unas guerreras, a ellas las quiero mucho, como también a las feministas más jóvenes, a todas ellas los pondría en esta galería de honor, donde fíjate que son héroes anónimos. Lo que más me gusta cuando los visualizo es que todos tienen la cara tapada, y me encanta que sea así. Son valiosos, son demasiado importantes y también me preocupa qué va a pasar con ellos después de esto. Todos los miramos y los aplaudimos pero tendremos que saber abrazarlos de verdad en algún momento.

 

LORENA: Palabras del año, si tuvieras que hacer un diccionario de este año, ¿cuáles son las palabras que te gustaría que quedaran?

JANI: “Dignidad” es una de ellas. Es que esto está lleno de simbolismos, es muy loco que hablemos de que Chile “despertó” y nos estén disparando a los ojos, ni el mejor guionista habría podido escribir esa hueá. El tema del “estallido”, de cómo explotó todo esto, todas esas palabras son muy interesantes. “Ebullición” es una palabra bacán. Esto venía hirviendo hace mucho tiempo y explotó en un despertar de dignidad, de justicia. El “éxito”, el “fracaso” y el “ego” para mí son las palabras del año. Y la rabia también, que no es lo mismo que el odio y que se contrapone al miedo. La rabia moviliza. La rabia es necesaria.

 

LORENA: Pide un deseo

JANI: Que se vaya Piñera. Ese es un deseo que tengo a pesar de que creo que no va a pasar y que tampoco vislumbro muy bien las consecuencias de eso. Me da un poco de miedo, pero por otro lado pienso que una persona como él no es capaz de llevar a cabo ni siquiera los cambios que su propio gobierno está haciendo más bien a la fuerza. Que se vaya Piñera es un deseo que tengo, y cuando digo que se vaya no me refiero sólo a que se vaya él, me da lo mismo su futuro, las consecuencias para él no creo que sean tan graves, se va a comprar un país y se va a ir con toda su familia para allá y va a seguir con su vida, filo. Cuando digo que se vaya, quiero representar con eso el deseo de que desaparezca toda esa oligarquía, esa endogamia chilena, esa elite que nos ha gobernado tanto tiempo, ese es mi deseo, que se haga justicia social de verdad, que seamos todos más cercanos, que tengamos acceso a las mismas oportunidades, que haya menos segregación, que haya más generosidad, que dejemos de mirarnos el ombligo un rato. Yo sé que hay mucha gente que le va a costar y que se está resistiendo, pero creo que es demasiado importante. Nada va a cambiar en la medida en que sigamos gobernados y sigan en el poder personas que nunca van a ser capaces de ver eso. Cuando digo que se vaya Piñera me refiero a que de verdad esto se renueve, que se vayan todos los dinosaurios. ¡Quizás uno mismo está incluido en eso! ¡no lo sé! Quizás hay que ceder el lugar o el privilegio para que otras personas tengan atención y protagonismo, hay que estar dispuestos a dejar ese espacio, a salir de tu comodidad para dejar ese lugar a alguien más. Yo estoy súper dispuesta a eso. Hay una injusticia gigante que yo la vivo todos los días también en mi ámbito, en el arte, en la cultura, en la comedia, pero si nos tenemos que ir todos, que somos los mismos de siempre, vámonos. Y si uno es parte de esa elite que tiene que irse, ¿sabís que? Me da lo mismo, yo me voy también.

 

LORENA: Fin. Ya tengo mi entrevista.

JANI: ¿Abrimos otro vino entonces?